La soledad del arquero

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No cabe duda de que la practica de un deporte individual hace conocerte a ti mismo, hace aparecer lo mejor de ti, pero también lo peor, tus miedos y temores.No debemos obviar estos miedos y temores, puesto que el miedo y el respeto es una cualidad innata del ser humano. Lo que tenemos que hacer es controlarlo.

Da igual que tu técnica sea buena o sea mala; tanto el bueno como el mal arquero tiene un solo objetivo, que es dar a la diana; y para lograrlo tenemos que vencer esos miedos; casi siempre apoyándonos en un entrenamiento técnico, un buen ajuste de material, una buena forma física; pero también no hay que descuidar una buena preparación mental.

¿Y, eso como se consigue? Pues cada uno puede tener sus métodos, pero lo que uno nunca puede hacer es dejar que la frustración se apodere de ti, que el desconsuelo agarrote tus dedos agarrando la cuerda, que el deseo de soltar la flecha supere al deseo de hacerlo bien; porque cuando uno se sitúa a horcajadas de la línea de tiro de una competición más o menos importante o incluso de un entrenamiento olvidamos lo aprendido, nos quedamos en blanco y todo lo que hacemos nos sale mal.

La diferencia es que no hay que quedarse en blanco; si no dejar la mente en blanco, olvidarse de todo, desconectar de lo que nos rodea y centrarnos en las sensaciones de nuestra técnica, en sentir el viento que nos mece en la línea de tiro, dominar el ocho del visor apuntando al amarillo y hacer nuestro tiro, a nuestro ritmo; y seguro que el tiro será bueno; lo cual no quiere decir que sea un 10, puesto que a lo mejor es un 6, o un 5, pero lo que es seguro, es que el tiro es bueno; y ahí ya será hora de corregir o de compensar.

Si uno es capaz de conseguir esa metodología de conexión/desconexión, lograremos dominar los nervios, los demonios se irán y lograremos el objetivo, que no es otro que el de disfrutar con este deporte y con la gente que lo rodea.

Por Fernando Naranjo.

 

 

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